Soltamos cuando podemos perdonarnos a nosotros mismos por confiar demasiado, por querer demasiado, por esperar demasiado de un vínculo o de una persona, cuando entendemos que no es necesario perdonar a esa persona por no cumplir con las expectativas que vos pusiste encima suyo, porque si bien no era su responsabilidad, lastimarte o tenerte en cuenta sí era su responsabilidad y sí estaba en sus manos y en vez de ser sincero con sus sentimientos, tantos buenos o malos, en vez de hablar claro y certero, decidió tomar todas las armas que le diste y lastimarte de igual manera. Y posiblemente lo haya hecho donde más te duele, porque es que al conocer, querer, y sobrevivir con una persona, es lógico que le hayas mostrado tu lado más debil, y es lógico que lo utilice para matarte por dentro.
Pero vas a sanar, meses, años después vas a darte cuenta que el duelo que hiciste sirvió para algo. Vas a darte cuenta que no es su culpa no cumplir las expectativas que tenías sobre ese vínculo o esa persona, que es tu culpa y luego vas a perdonarte, vas a cambiar, vas a vivir con miedo de volver a hacerlo, de que cada vez que tengas un vínculo parecido vuelvas a tener expectativas que la otra persona no pueda cumplir, pero vas a aprender a poner límites y a hacerlos respetar, por lo que posiblemente no vuelvas a tener ese tipo de vínculo con nadie, pero vas a tener mejores, más sanos, más lindos.
Y a veces lo vas a extrañar, cada vez en menos medida, pero quizás lo sigas haciendo siempre, más si ese vínculo perdido era tu mejor amiga.
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